Pese a que se sigue notando que no es
esta nuestra tradición más arraigada, nuestras procesiones han
contado este año con igual o más apoyo que en ediciones anteriores.
El número de mantillas y nazarenos va en aumento, los hombres de
trono siguen acudiendo fieles a su labor sin dejar ni un hueco bajo
el paso, como pasara en ediciones anteriores y el número de personas
que, de uno u otro modo acompañan a nuestras imágenes, no ha ido, ni
mucho menos, decreciendo. Con estas buenas perspectivas, no cabe otra
que felicitar a la organización por su labor y esperar
acontecimientos futuros para dar el salto de calidad que todos
esperamos.
Mención especial merece nuestra banda
de música, voluntariosa, que se ha hecho notar por estar tocando
durante todo el recorrido y por, pese a su escaso número, agradar
con sus marchas. Atrás quedan los años de muchos componentes y poca
calidad, para aventurarse en un etapa en la que se va notando el
trabajo musical y la incorporación de nuevos instrumentos.
Felicidades. No quiero ni imaginar, que hubiera sido de nuestras
procesiones sin ellos.
Quizá no merezca la pena acordarse
ahora de quienes dejan su coches en el recorrido, o de quienes no
saben o no quieren respetar como merece nuestros pasos. Quedémonos con
el buen sabor de boca que han dejado las procesiones de 2.013, con
saetas valientes, con nuestras preciosas imágenes en la calle y con
la voluntad, y mucha, de hombres, mujeres y niños.
Queda mucha letra pequeña por
analizar, pero sería un atrevimiento o quizá un descaro, detenernos
ahora en ella. Mejor dejamos para usted, querido lector, los
entresijos y pormenores. Buena nota, amigos y gracias por seguir
creyendo en una Semana Santa que los villanovenses, no cambiamos por
ninguna otra.
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